Una historia de 400 años

Mendoza es una provincia que se ubica en el centro oeste de la Republica Argentina, zona desertica y montañosa, con las bondades de un ecosistema que la hace muy propicia para el cultivo de la vid, teniendo irrigación con aguas de deshielo, limpias y sin contaminantes; amplitud térmica, con todos los días soleados y noches frescas y con altas temperaturas en verano dándole a la uva un grado alcohólico ideal para esta industria

Dicen que los Incas llegaron hasta el Valle de Huentata (Mendoza), confín meridional de su imperio, y ayudaron a los Huarpes –pueblo originario– a desarrollar un sistema de riego alimentado por el agua de los deshielos. “De no haber sido por esos canales, a su arribo en el siglo XVI los españoles habrían encontrado un paisaje mucho más árido y desértico”

LOS INICIOS

La vitivinicultura argentina tuvo sus orígenes a mediados del siglo XVI, y entre las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII surgieron en Mendoza las primeras bodegas y viñedos

La elaboración del vino en esa época era un arte muy complicado, dada la precariedad de los medios disponibles, comenzaba con la molienda de la uva en el lagar. Éste era de cuero de vacuno, en estructura de madera.

Los procesos de vinificación y su equipamiento también eran rudimentarios; la uva se pisaba “a pata” en lagares de cuero de vaca o de buey, suspendidos de gruesos horcones. Una vez obtenido el mosto, se dejaba caer por la cola del animal, que oficiaba de conducto.

El mosto y el hollejo eran recogidos en baldes de cuero, provistos de anillas por las que pasaban dos varillones, que permitían transportarlos a la bodega.

Una vez allí, el líquido era volcado en grandes botijones de barro cocido, donde se producía la fermentación.

Terminada la fermentación se procedía al trasvase del vino nuevo a la vasija de conservación, proceso que se hacía por gravitación propia, al retirarse el tapón de la tinaja de fermentación. En esta operación se interponía un colador, hecho de cuero agujereado, de manera que el chorro de vino, al colarse, dejara la semilla, el hollejo y otras impurezas.

Una vez llena la tinaja de conservación con el vino nuevo, se tapaba y se sellaba con cal, yeso o barro, para evitar la entrada de cualquier cuerpo extraño. El vino se dejaba estacionar o añejar hasta el momento de la expedición. Se puede ver que la elaboración del vino era una tarea verdaderamente artesanal, en la cual se debían prestar todos los cuidados del caso.

Primera gran transformación - CANTIDAD

El ferrocarril trajo inmigrantes italianos, franceses y españoles con nuevas técnicas de elaboración y cultivo y así se tecnificaron los procesos y se dotaron a las bodegas de equipos que permitieron el procesamiento de cantidades crecientes año a año.

Esto transformó la actividad agrícola e industrial de Mendoza, convirtiéndola en una pujante provincia que crecía en hectáreas plantadas con todos tipos de variedades de vides y creciente número de Bodegas

Segunda gran transformación - calidad

A fines de los años 80,  todo volvió a cambiar y lentamente comenzó una nueva etapa en el vino argentino con grandes inversiones nacionales y extranjeras, y el acento puesto en la calidad.

Se cambiaron los varietales y se puso énfasis en los deseos del consumidor. Las Bodegas argentinas, salieron a competir en los principales concursos a nivel mundial, posicionando al Malbec como nuestro varietal por excelencia, con gran cantidad de premios internacionales.

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